El juego bonaerense, con primacía del libertario Diego Santilli. Cristina pone el foco en el armado. Las reelecciones, un punto clave en un contexto de hipersensiblidad y pelea constante. El triple contacto de Kicillof con el lulismo.
Una preocupación atribuida a Cristina Kirchner vuelve a poner a la provincia de Buenos Aires en el centro del laberinto político del peronismo. La expresidenta, cuentan, puso a la definición del candidato bonaerense al tope de sus prioridades. El escenario, en principio, parece darle la razón: en el PJ proliferan los “postulantes”, pero casi todos son poco taquilleros. Y además nadie atina a resolver un expediente crítico para la pelea electoral: la devolución a los intendentes de la reelección indefinida. Para colmo, el PRO-libertario Diego Santilli aparece en todas las hojas de ruta como el mejor posicionado para quedarse con la elección el año que viene.
El foco bonaerense de Cristina revela dos cuestiones centrales: 1) La provincia es su “retaguardia estratégica”, lo que quiere decir que es el Estado que aporta los recursos para la supervivencia política en el despoder, además del territorio con la mayor cantidad de votos. 2) La indefinición de las reglas de juego nacionales, sobre todo el hecho de si habrá PASO o no las habrá, también afecta el juego en la provincia. Pero acá eso se conecta con otro resorte, que ella no controla sino que lo hace su desafiante interno, Axel Kicillof: desdoblar los comicios, como el año pasado, o hacerlos concurrentes, es decir que se vote todo el mismo día.
En el peronismo, hay hipertrofia de candidatos, pero ninguno mide como Santilli, que lidera aún bajo la hipótesis de que no haya acuerdo entre La Libertad Avanza y PRO, algo que casi nadie cree que ocurra, pese a los escarceos entre Mauricio Macri y Javier Milei. Esa primacía se deja ver, a trasluz, en la estrategia del jefe de Gabinete: silencio sobre el juego bonaerense, aunque incluso ya mandó a armar equipos técnicos para elaborar un plan de gobierno. Por ahora, el objetivo hacer caer las PASO nacionales. Si lo logra, dicen en su entorno, habrá hecho que sea más complejo que haya primarias en Provincia. “Eso nos conviene”, enfatizan.
El cúmulo de precandidatos peronistas parece darle la razón al “Colo”: ¿cómo ordenar eso sin primarias? “Es lo mismo que ocurre a nivel nacional”, dicen. Pero en San José 1111 creen que acá es más fácil un acuerdo. La lista de los que quieren ser revela otras cosas. 1) Los intendentes (Alak, Nardini, Ferraresi, Achával, Fernández, Andreotti del FR) son fuertes en sus distritos, pero desconocidos fuera. Es un déficit histórico. 2) Katopodis es el mejor rankeado por las consultoras, pero está demasiado cerca de Kicillof. 3) Si la prioridad es definir un nombre, Máximo Kirchner no es automáticamente el elegido. Wado De Pedro se entusiasma.
Kicillof tiene una llave en su mano para influenciar el proceso: desdoblar la elección, como hizo el año pasado, o no hacerlo. Lo definirá en relación con las PASO, bajo el siguiente esquema: si hay PASO en Nación y PBA, elección concurrente; si no las hay, se abre la posibilidad de desdoblar. Lo mismo ocurre si caen las PASO nacionales pero sobreviven las bonaerenses. Aca hay una salvedad que hacer: aun en el caso de que se vote todo el mismo día habrá cierto “desdoblamiento de hecho” porque se sufraga con boletas diversas -única lo nacional, sábana lo provincial- lo que reduce el tradicional “arrastre” de las primeras sobre las segundas.
Aunque por ahora no registra avances, la discusión sobre el límite de las reelecciones podría ser central en ese contexto. A Kicillof y a Cristina les conviene que caiga, porque los alcaldes miden todos más que los muletos que ya eligieron para que los reemplacen en las urnas, más allá se presume que todos ellos ganarían. Pero hay algo más: un acuerdo entre tribus peronistas para empujar el tema en la Legislatura podría trazar los límites de un espacio común en PBA y, a la vez, servir de matriz “virtuosa” para el debate nacional. Habrá que ver si PRO y UCR colaboran. Aunque no lo digan, varios en esas dos fuerzas, que tienen intendentes, están de acuerdo.
La cuestión reconduce a un antecedente asociado a la definición de la provincia como “retaguardia estratégica” del cristinismo: la posibilidad, reseñada aquí en su momento, de una negociación que le dé el candidato bonaerense al camporismo y aliados, a cambio de que Kicillof se quede con la postulación presidencial. Hay quienes piensan que podría ser una opción “racional” (para intentar ganar) en el momento de una charlar Kicillof-Cristina, pero otros sospechan que la ex presidenta solo aceptaría si está convencida de que el peronismo llegará a las elecciones sin chances de imponerse.
Una charla esa que, está claro, por ahora es una opción de futuro. En lo inmediato, la pelea prima en un clima de hipersensibilidad. Se vio eso con una declaración de Kicillof sobre su preferencia de definir las postulaciones en PASO. No es nada nuevo, ni mucho menos. Pero un título periodístico que lo hizo equivaler a “desafiar el dedo de Cristina” dio pie a una respuesta airada de La Cámpora. “Desafía el dedo cuando él fue dos veces beneficiado por ese dedo”, le dijeron, palabras más o menos, al gobernador. Y otra vez, le reprocharon que lo haga con ella presa. En ese clima, por ahora solo hay margen para que cada uno siga en su juego.
Cristina aguarda la definición de la ONU sobre su planteo para que la habiliten a ser candidata, pese a la prohibición judicial de presentarse, un pronunciamiento que, como se adelantó acá, el organismo parece retrasar. El cristinismo también asocia esto al “desafío” del gobernador. Kicillof se mueve en espejo con Milei a raíz del triunfo de “Lula” Da Silva. Para el Presidente, fue ocasión de reforzar su alianza con Donald Trump, que el martes enfrenta una elección que puede ser determinante. Para el gobernador, un ejemplo práctico de cómo enfrentar con éxito a la derecha en las urnas que ya está siendo analizado a nivel de segundas líneas del MDF y el PT.
Kicillof tiene tres interlocutores directos y asiduos en la cumbre de la estructura lulista: Fernando Hadad, el ministro y candidato a presidente, derrotado como candidato en San Pablo pero de estrecha confianza de Lula; Mauro Vieira, el canciller y Aloizio Mercadante Oliva, uno de los fundadores del partido y, cómo él, economista de porefesión. Con los tres habla con frecuencia desde la reunión de agosto de 2024 en el Planalto, cuando lo recibió el presidente. Se abrió entonces una línea de colaboración concreta, que ahora se activará pero en modo de asesoría electoral.
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